En plena efervescencia del Festival de Venecia, Guillermo del Toro volvió a hacer lo que mejor sabe: sacudirnos con arte y con palabras. El cineasta mexicano presentó su esperada versión de Frankenstein, con Oscar Isaac como el científico atormentado y Jacob Elordi como un monstruo que promete romper moldes. Pero más allá del cine, lo que dejó huella fue su mensaje.
Durante una rueda de prensa, Del Toro soltó una frase que se volvió titular instantáneo: “No le tengo miedo a la inteligencia artificial, sino la estupidez natural, que es más abundante”.
Con esa mezcla de humor y lucidez que lo caracteriza, el director habló de los tiempos actuales en los que vivimos, de la polarización y del miedo. Su Frankenstein, lejos de ser una crítica directa a la IA, es una exploración profunda sobre qué nos hace humanos. “Los seres humanos no son blanco o negro, son todos los tonos intermedios”, dijo, defendiendo la complejidad y la imperfección como motores del arte.
Y es que, al final, las expresiones artísticas no buscan perfección, sino esa abstracción que nos hace conectar con una canción, una pintura, una película o un libro; y eso es lo que jamás podrá recrear un robot… Al menos no por el momento.
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