• 23/09/2026
  • Last Update 21/09/2026 5:11 pm
  • Tepic, Nayarit, México
No se ralentizará el progreso de la IA. CEO de Nvidia y Trump “pactan” acuerdo

No se ralentizará el progreso de la IA. CEO de Nvidia y Trump “pactan” acuerdo

La imagen que se viralizó en redes fue digna de película de suspenso para muchos. Jensen Huang, CEO de Nvidia, en pleno escenario del All-In Summit en Los Angeles, recibiendo una llamada de Donald Trump y, en un gesto que sin duda hizo entrar en pánico a cualquier departamento de comunicaciones decente, poniéndolo en altavoz frente a todo el público.

El contexto

Para entender por qué esta conversación importa, necesitas conocer qué la precedió. Hace poco, Dario Amodei, CEO de Anthropic, hizo algo que sorprendió a la industria, pues pidió públicamente que se ralentizara el ritmo de desarrollo de la IA. Elon Musk y Sam Altman, dos de los nombres más poderosos del sector, respaldaron la idea. Pero Huang, el tipo cuya empresa fabrica los chips sin los que la IA simplemente no funciona, pensaba diferente. Y Trump lo sabía.

“Están jugando directamente en las manos de gente que no quiere que esto suceda”, soltó Trump desde el teléfono, mezclando en su argumento tanto a “políticos” como a China, y etiquetando todo el movimiento de “broma”. Huang, sin dudarlo, respondió: “Tiene razón. No vamos a permitir que eso suceda, señor Presidente”. La multitud aplaudió. Era el beso de la aprobación presidencial que Nvidia necesitaba en este momento exacto.

¿Por qué la gente está asustada?

Trump y sus aliados, como Garry Tan de Y Combinator, están convencidos de que la oposición a la construcción de data centers es una operación psicológica internacional para frenar el crecimiento económico estadounidense. Suena a conspiración de nivel 10, ¿verdad?

Pero los datos que recoge Gallup (una empresa estadounidense de análisis y asesoría) cuentan una historia diferente. 7 de cada 10 estadounidenses se oponen a construir data centers en sus áreas. ¿La razón principal? Más del 50% menciona el impacto ambiental. El resto se preocupa por cosas más cotidianas, como aumentos en los costos de insumos y deterioro de su calidad de vida. No es un complot chino, son sus propios ciudadanos diciendo que no quieren que su factura de agua se triplique para que alguien más entrene modelos de IA.

La conversación entre Trump y Huang muestra cómo funcionan las decisiones tecnológicas en pleno 2026. No en juntas privadas de empresas, sino en eventos con micro abierto. Trump terminó diciéndole a Huang: “Tenemos que hacer las cosas con prudencia, pero eso no significa que vamos a detener una industria”. Traducción: vamos a construir esos data centers, valiéndonos madre los demás.

El problema aquí es que nadie está realmente discutiendo el elefante en la sala: ¿es realmente posible desarrollar la IA a la velocidad que el mercado y ahora el gobierno estadounidense quieren sin un costo ambiental y social significativo? Porque Huang puede tener los chips más avanzados del planeta, pero ni siquiera él puede hacer que la física sea diferente. Los data centers consumen energía masiva, las comunidades locales sufren. Ese no es un argumento político, sino que es una realidad incómoda.

El futuro: IA sin frenos, pero ¿a qué precio?

Lo que presenciamos en esa llamada fue el establecimiento de una alianza clara entre el poder corporativo tech y el poder ejecutivo estadounidense. El mensaje es cristalino: la IA va a acelerar, no a desacelerarse. Los data centers se construirán, y cualquiera que se interponga será etiquetado como un obstáculo para la competitividad global y, probablemente, como parte de una conspiración extranjera.

La pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Cuánto tiempo puede prosperar una industria que literalmente necesita de ciudadanos que acepten sacrificar recursos locales por ganancias globales?

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